-->

No es Tinder, soy yo...

by - abril 19, 2018

En mi último intento en Tinder, que ya era el tercero, comprendí que el problema real no era la aplicación, era yo quien no estaba lista para desconectarse del pasado y afrontar las relaciones en plena era digital.

Siempre he considerado que nací unos cinco o diez años después de lo que en realidad debí haber nacido, no porque piense que todo pasado siempre fue mejor, sólo que pese a suponerse que por mi edad pertenezco a la denominada generación Milenial, no logro percibir la tecnología de manera tan positiva como lo hacen el resto de mis contemporáneos, tampoco es que la satanice, pero simplemente soy de las que prefiere tener a sus amigos reunidos en un café y no por una ventana de chat.

Si bien reconozco que la Internet nos facilita cientos de cosas que en el pasado era imposible solucionar sin hacer miles de maromas, creo que en cuanto a las relaciones interpersonales la estrategia no funciona, o al menos en mi caso, porque sí, soy muy chapada a la antigua.

Soy del tipo de mujer que prefiere sentarse en la barra de un café y conversar con un extraño antes que pasar una tarde entera dando like o rechazar a las fotos de desconocidos, en especial porque mi principal "defecto" (como lo catalogan mis amigos) es que incluso para tener una relación netamente sexual necesito una conexión mental con la persona, y no, no me refiero a que me guste al punto de querer algo más que sexo, la idea es que para desear a alguien necesito algo más que una cara bonita y un cuerpo tonificado, me excuso, pero me atraen los hombres que me retan intelectualmente, que me obligan a estar atenta a la conversación y que pueden sorprenderme con comentarios aportantes; ¡me declaro culpable¡, pero mi entrepierna se moja fácilmente con una buena frase y no con un par de ojos azules.

Cortesía: giphy.com 



Pero regresando a lo que nos compete, en realidad admiro y envidio a aquellas personas que han logrado conseguir sexo a través del uso de aplicaciones y redes sociales, de verdad quisiera ser como ustedes, y porque no, incluso conocer a alguien con quien tener una relación emocional, de esas que lee uno en otros portales web y que parecen ser la excepción a la regla.

Y es que con cada palabra que digito en este post me hago más consciente de que el problema soy yo y mi mente romántica, por querer un encuentro como los de antes, donde el desconocido se te acercaba en medio de la discoteca a ofrecerte una copa, o cuando simplemente usaban la excusa de pedir la hora o preguntar por una dirección con el único fin de conseguir un número, en fin, Tinder y las demás aplicaciones no fueron hechas para chicas como yo, que miramos el mundo a través de las palabras y que queremos que los hombres nos conquisten y se dejen conquistar.

No soy de las que anda por la calle en busca de romance, pero sí a la caza de una buena conversación, de esas que descontrolen mis neuronas y hagan que termine revolcándome en la cama de un atractivo chico que logre hacerme gemir.

You May Also Like

7 comentarios

  1. Es discriminatorio para los que hemos tenido la desgracia de nacer con los ojos azules y un intelecto justito. Claro que para nosotros habrá alguna app, quiero creer, en la que nos encontremos con rubias tontas.
    Es broma, me gusta saber que quedamos algunos clásicos que no nos vemos en Tinder...al menos de momento

    ResponderEliminar
  2. Jajajaja todavía sobrevivimos algunos chicos raros, un abrazo y gracias por leer

    ResponderEliminar
  3. Yo debo ser de dos generaciones anteriores a la tuya (como mínimo) y veo a la gente de mi edad haciendo lo mismo que tú cuentas aquí. Supongo que debe ser por desesperación, no lo sé.
    Pero no te preocupes, que no eres la única. ;-) Todavía quedamos muchos locos chiflados que no usamos la tecnología para ligar ni para "encontrarnos". Algunos, todavía creemos en mirar a los ojos.
    ¡Abrazos!

    ResponderEliminar
  4. Un abrazo para ti también, y gracias por compartir

    ResponderEliminar
  5. […] Sigue esta experiencia a través de No es Tinder, soy yo… — La Tata […]

    ResponderEliminar
  6. Siempre he tenido curiosidad por esas aplicaciones, y no es para ocultar la búsqueda de alguna noche de lujuria, pero no puedo hacerlo sin oler la barra de un bar, sin la mirada de unos ojos que no pueden ocultar su historia, sin el sabor de una buena copa o sin la atenta sonrisa del camarero que está pensando lo mismo que yo. Ya tienes un seguidor más en el blog. Me gusta como escribes. Saludos desde Marte.

    ResponderEliminar