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#TBT El polvo kármico

by - mayo 11, 2018

Soy del tipo de mujer cuya vida sexual no es que sea muy activa, en especial porque me inicié en el sexo años después de cumplir la mayoría de edad, y porque hasta el momento sólo he tenido relaciones con tres hombres, a eso debemos sumarle que han sido un poco accidentadas.

    Contexto: Kármico-Karma, según varias doctrinas religiosas y espirituales es una energía invisible que se encarga de premiar o castigar a los seres humanos por las acciones que éstos realizan.

Cortesía de: eonline.com
Mi primera pareja sexual fue el sujeto F, lo conocí mientras realizaba un trabajo para la universidad, fue mi primera vez en el sexo y no hubo sentimientos involucrados, en pocas palabras, fue un encuentro casual. ÉL era el típico amante veintiañero que busca satisfacer su deseo de meterlo en el primer hueco que encuentra, olvidando que a nosotras las mujeres nos cuesta un poco más llegar al clímax.

Luego conocí al sujeto M, un hombre romántico y un tanto desesperado por encontrar el amor eterno. Él fue el primer novio oficial que le presenté a mi familia y amigos, así que en este casi sí hubo sentimientos involucrados.

M es delicado y tierno a la hora del sexo, con una imaginación un tanto conservadora, pero éste no era su único obstáculo, pues sufría de disfución eréctil, tema que para cualquier hombre es complicado de abarcar, y que para uno como mujer resulta ser un tanto frustrante.

Debido a las anteriores experiencias sexuales, empecé a cuestionar la capacidad del sexo para hacerme sentir satisfecha, debido en parte a que las conversaciones sobre el tema con amigos, la información en Internet, e incluso lo dicho por los sexólogos estaba muy alejado de la realidad que había experimentado.

En medio de ese debate aparece el sujeto C, un ex-compañero de trabajo que me encontré navegando por Tinder, de la nada las conversaciones pasaron del fútbol y la literatura al sexo, y pues ya entrados en materia decidimos no darle largas al asunto.

La primera vez que tuve sexo con  C fue un poco aparatoso, debido al tamaño de su miembro me dolía la penetración, como si eso fuera poco, al bajar de la cama tropecé y casi me doy un golpe en la cabeza, después en un movimiento brusco le golpeé la ingle (creo que fue un milagro no haberlo dejado de tío).

Debo aceptar que la experiencia no fue muy placentera, o así la sentí, en parte porque ese día dudé de mis cualidades como amante, e incluso llegué a pensar que en realidad los otros dos no eran malos y que el problema era yo.

Por días creí que C no volvería a llamar, es más aún me pregunto qué lo llevó a querer arriesgarse a un segundo encuentro, pero como dicen por ahí, la tercera es la vencida. Él era ese tercer intento y la posibilidad de que el sexo y yo nos reivindicáramos.

El sujeto C se convirtió en ese polvo kármico que más allá de compensar a los otros, lo que hizo fue enseñarme que el sexo sí  puede satisfacerme, además entendí que F y M no son malos, sólo que tal vez mis expectativas eran un poco distintas a lo que ellos ofrecían.

C es el  tipo de hombre que conoce el cuerpo femenino, que disfruta del placer que le puede ofrecer quien lo acompaña, pero tiene presente que hay dos seres involucrados merecedores de disfrutar y sentir satisfacción por igual.

Él me permitió descubrir el lado salvaje que acompaña mi sexualidad, a explorar mis gustos, a entender mi cuerpo, pero ante todo me enseñó no debo conformarme con menos de lo que quiero, que el exigir un orgasmo no me hace egoísta, y que por más sentimientos que haya en una relación, éstos  no deben ser una excusa para permanecer al lado de alguien que no puede satisfacer mis necesidades, ni yo las suyas.

Con C descubrí quien soy como ser sexual, y ahora que lo sé no me voy a conformar con un bombón de chocolate cuando puedo tener la caja completa, es decir, los sentimientos y el buen sexo pueden estar sin líos en el mismo paquete, eso señoras y señores es lo que todos merecemos.

En fin, el polvo kármico no es aquel que viene a compensar las experiencias anteriores, todo lo contrario, éste gran compañero sexual es quien nos permite conocer y reconocer nuestro cuerpo, nos ayuda a descubrir la capacidad de dar y recibir placer, nos lleva a explorar las límites del deseo, pero a la vez nos permite entender al irse que los ciclos se cierran cuando ya no tenemos más que aprender o enseñar.

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