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Peligro, no pasar…

by - abril 19, 2018

Soy del tipo de mujer que disfruta del sexo casual tanto como una buena copa de vino o un buen chocolate, pero también soy consciente que a diferencia de los hombres a nosotras no se nos apaga el chip de los sentimientos sólo con decir que es sexo. Es por esa razón que cuando se trata de relaciones netamente sexuales tengo unas cuantas reglas para evitar que las emociones salgan a flote.

Para algunos mis reglas son un poco severas, pues no me permito tener sexo más de dos veces con el mismo tipo,  ni dormir con el susodicho,  besarle en público no es una opción visitar su casa es casi sacrilegio, y se prohíben las conversaciones que se trasladan al campo personal.

A ese listado le llamo “la zona de peligro”, un lugar al que está prohibido pasar, o bueno estaba, porque lamentablemente se llegó el día en que decidí cruzar y como resultado salí electrocutada, con quemaduras de primer grado y fracturas en diversos huesos.

Cortesía: bestanimations.com



Debo reconocer que desde que empecé a salir con el sujeto O, tenía claro que mi único interés hacia él era sexual y de hecho aún lo es, bueno, más o menos. Él es del tipo de hombres que en la cama puede hacer que cualquier mujer pierda la cabeza, es complaciente y conocedor de la anatomía femenina, a eso se suma su habilidad para las letras,  lo que ha dejado a mi cerebro en estado de shock en más de una ocasión.

Nunca pude leerlo y eso lo hacía cada vez más atractivo, pero al tiempo me generaba temor, es por ello que decidí incrementar mi barrera y terminé presentándome ante él como alguien que no soy, esforzándome incluso por encontrar un comentario que valiera la pena sacar de mi boca.

El sujeto O se mostró cada vez más atrayente, lo que me hizo olvidar mi primera regla y pasar no a un tercero, sino hasta a un cuarto encuentro sexual. Él es el tipo de hombre que disfruta de la intimidad, tratando de mostrar un poco de lo que es, alguien abierto a las posibilidades. Yo en cambio siempre estoy a la defensiva, con mis escudos en alto y evitando cualquier tipo de acto que me lleve a traspasar la frontera.

En los últimos días la situación se me empezó a salir de las manos, empecé a acostumbrarme a sus conversaciones alejadas del sexo, a esperar a que hablara los fines de semana, o que de la nada apareciera con uno de esos cuentos que escribe y que a mí me gusta leer. Fue allí cuando entendí que las cosas estaban cada vez más cerca de “La zona de peligro”, tomé la decisión de alejarme, no repetir los encuentros, pero en cuanto lo vi mi voluntad fue igual a la suma de todas las fuerzas, es decir, a cero, y allí rompí otra de mis reglas, la de no visitar su casa.

No sólo entré a su casa, conocí a sus papás y tuvimos sexo en su habitación, sino que después del sexo me quedé a ver una película, y quería más, quería abrazarlo, besarlo, arruncharme con él, ya no era suficiente con el buen sexo. Pero pese a que quería hacerlo no lo hice; en parte porque sentía que eso iba a terminar de dañar mi cerebro y en otra, porque no creo que él se sienta igual.

Cada vez que trato de leerlo no logró conseguir nada, sus muros son más fuertes que los míos, y siempre termino arruinando las conversaciones con comentarios estúpidos que hacen que me desconozca, él logra bloquear completamente a mis neuronas, y eso hace que me cuestione mi capacidad intelectual.

Siento que caí en un círculo vicioso en el que ninguno sabe lo que el otro quiere o busca, donde mi capacidad de comunicación se ha vuelto nula y donde no logro ser yo misma.  Me convertí en una mujer con parálisis cerebral para la cual es difícil que la neurona A se conecte con la B para lograr decir un hola.

Sé que para el sujeto O soy como la Maga de Cortázar en Rayuela, con la diferencia de que ella hacía comentarios mucho más profundos que los míos. No lo culpo, pues hasta yo me desconozco y acepto que cuando estoy con él, soy una de esas tantas chicas a las que he criticado por no ser capaz de mantener una conversación inteligente e interesante.

Cruce la barrera que no se debe pasar, la de acostumbrarme a alguien,  la de esperar de él lo que ni siquiera sé si quiero recibir. Creo que  llegó la hora de pasar la página y decirle adiós al sexo con el sujeto O, evitando reprocharme por no haber sido yo.

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9 comentarios

  1. Esas son las dramáticas consecuencias de no seguir las reglas. Nada menos que conocer a alguien interesante en el que el futuro estaba por definir.
    Atroz.
    Buen post. Reflexivo, profundo y destructivo. Me ha gustado.

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  2. Que fuerte, tu post atrapa. Espero una segunda parte.

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  3. Huir despavorida me parece la mejor opción Tata.

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  4. Así es, por algo están ahí las reglas, no deben romperse, un abrazo y gracias

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  5. No sé si haya una segunda parte para contar, pero si la hay seguro se los compartiré, un abrazo y gracias por leer

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  6. Jajajaja totalmente de acuerdo, esa fue la primera y seguirá siendo la única opción, un abrazo y gracias por leer y compartir

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  7. Enhorabuena por tu blog!!! Y gracias por seguir el mío (me ha gustado mucho descubrirte). Pero comentarte que mi blog ha dejado de funcionar a través de la dirección de wordpress.com por lo que, si te interesa y quieres ver todas las actualizaciones semanales que hago, puedes suscribirte de forma gratuita a mi blog a través de laciudaddelasnubes.com (en el menú desplegable que aparece si pinchas en la parte superior izquierda) o seguirnos a través de nuestro perfil de facebook: https://www.facebook.com/laciudaddelasnubes/. Sin más, tan sólo darte la bienvenida a La Ciudad de las Nubes :)

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  8. Un abrazo, quedaré atenta a la inscripción, gracias

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