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Ya no estamos en edad de sentir miedo...

by - diciembre 09, 2017

Creo que las experiencias, amores y desamores nos ayudan a crecer, a fortalecer nuestra personalidad, a construir eso que somos o que queremos ser en una relación.

Lo mismo pasa en el ambito laboral, familiar y demás. Todas esas altas y bajas nos permiten forjar el espíritu a lo largo de nuestras vidas, un camino que por cierto jamás dejamos de transitar.

Con el pasar del tiempo vamos haciéndonos más fuertes, aprendemos a sobrevivir a las rupturas cual si fueran el final de una película cuyo guión no nos resultó tan original ni diferente a lo que otros ya ofrecen.

Las decepciones nos duelen menos y las expectativas empieza a esfumarse de nuestro cerebro para darle paso a lo realmente importante, disfrutar la vida.

Y es que aprendí que todas esas lagrimas derramadas, todas esas ilusiones creadas en la mente, esas metas impuestas por el comercio y la sociedad empiezan a valer mierda en el preciso momento en que dejamos de tener miedo.

Pero, ¿a qué le tememos?

Pues parece que esta generación a todo, por eso nos escondemos tras interminables viajes hechos al rededor del mundo, nos refugiamos en los likes y en los post que nos demuestran que estamos  a la altura de lo que alguien más dijo que era tendencia.

Le tememos al compromiso y a estar solos, nos da pánico el sentirnos atados a alguien, pero aborrecemos la idea de morir viejos y en soledad, nos da pavor el descubrir que no alcanzamos nuestras metas, pero es más la zozobra de hallarnos inmersos en la rutina del día a día, que abandonamos todo en la primera oportunidad que nos dé una excusa para salir por la puerta grande y no parecer cobardes.

Pero hoy ya no, ya no tengo miedo de que me partan el corazón o de hacer añicos el de alguien más, tampoco temo cambiar de planes y transformar las viejas metas, pues descubrir que evolucionar es aceptar que así como antes odiaba la cerveza hoy la disfruto y que así como antes le temía a enamorarme hoy pido un fin de semana tomarme una buena sangría.

Creo que debemos ahorrarnos los dolores de cabeza, mandar a la porra el ideal de lo qué deberíamos o no hacer y, vivir nuestra vida como nos dé  la PUTA gana, pero ante todo sin miedo, porque eso es lo que en verdad nos limita y nos hace prisioneros.

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