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Encuentros con sabor a desencuentros...

by - junio 04, 2018


Cortesía: giphy.com

Así como llevaba largo rato sin compartir con ustedes mis historias, y de hecho ofrezco disculpas por ello, así mismo pasó largo rato desde el último encuentro con el Sujeto X, y este post señoras y señores, les permitirá entender porque incluso una conexión tan grande puede derrumbarse.

Siempre he creído que el tiempo es nuestro mejor enemigo disfrazado de amigo, pues nos hace creer que está a nuestro favor, que sólo es una cifra a manejar en un mundo donde todo se reduce a porcentajes y cuentas falsas, para después de la nada, sacar su espada y clavarnos el puñal por la espalda.

La última vez que el Sujeto X y yo nos vimos, fue hace casi un año, un encuentro lleno de ganas, deseos reprimidos, y gemidos que pedían con fuerza salir de nuestras gargantas. El sexo, como siempre con él, fue una montaña rusa de sensaciones y emociones. Al terminar cada quien por su lado, sin explicaciones, pero satisfechos.

Pasaron los días y de pronto todo se salió de control, un diagnostico medico mal dado generó cierto malestar entre ambos, las palabras se fueron, por largo tiempo, luego vinieron los reclamos, los celos, la desconfianza y por último, el ingreso de otros a la vida de ambos, es decir, nuestro partido de tenis había terminado, o eso creímos.

Debo reconocer que fui yo quien lo buscó en primera instancia, qué si tenía miedo, la verdad, estaba aterrada, nuestra última conversación finalizó con un rotundo no estoy saliendo con nadie, no tengo pareja, y un mes más tarde el Sujeto X me vio caminando de la mano con un hombre que no era él, y al que le permití hacer cosas que X no podía considerar realizar.

Pese a lo que me imaginé me contestó, hablamos de trivialidades, creo que ambos teníamos temor de llegar al tema que nos relacionaba, tal vez porque ya presentíamos que no había nada, o porque simplemente, teníamos temor de la reacción del otro.

Hubo que esperar a otro par de conversaciones vacías para al fin destaparnos y decir la verdad, o al menos de mi parte, que lo deseaba, que quería estar con él, que mi cuerpo lo necesitaba. Ahora me preguntó si él sintió lo mismo, o sólo se dejó llevar porque no había alguien más disponible, en fin, ya no lo sabremos.

Pasaron  los días y el deseo crecía, cuando ya sentía que no iba a suceder, como siempre pasa con él, apareció de la nada, un simple “Hola”, con sabor a “se quiere divertir hoy”, fue todo lo que necesitaron mis hormonas para descontrolarse y salir corriendo al encuentro.

No lo niego, al principio me invadió una corriente eléctrica, que por momentos sentí me iban a dejar sin alientos de caminar, pero guardé la compostura, y  por primera, vez logré controlar la ansiedad que me generaba el encuentro.

Llegué a su encuentro, y allí estaba él, sentado con una cerveza en una mano y un cigarro en la otra, como siempre lo acompañaban su elocuencia para hablar, su cinismo frente a la vida, y las contradicciones de quien ha vivido poco en tiempo, pero que ha acumulado gran número de experiencias que lo hacen pensar más allá de la edad real que tiene.

Tal vez todo fue una señal de que las cosas ya no marchaban bien, pues por primera vez, desde que lo conozco no me sentí intimidada, e incluso pude mantener la conversación con tal grado de elocuencia, que ni yo me lo creía.

Bastó con llegar al motel para entender que algo no marchaba bien, se equivocaron de habitación, nos abrieron la puerta y a eso se suma que hacía un calor casi infernal. Pasamos por alto las alertas y continuamos con nuestro plan, ambos iniciamos como nuestros respectivos recorridos por el amplio camino que representa el cuerpo del otro, hasta ese momento todo parecía marchar igual a los otros encuentros, hasta que de la nada, todo se cayó, me volví torpe, me sentí insegura, y lo peor, ya no parecía ser deseada.

Aún me pregunto si en realidad fui yo quien proyecto esa emoción en la habitación, pero es que no sentí la chispa salir de su cuerpo, sus caricias eran apresuradas, sin deseo, sin emoción, sus ojos no buscaban mi cuerpo, su boca no quería comerme a montones, y su sexo, pues no sorprendió al verme tal y como pasaba antes.

Lo intentamos en repetidas oportunidades, pero el resultado fue el mismo, yo ya no estaba en el lugar, mi mente estaba aterrada y mi cuerpo decepcionado, y él, pues bueno, creo que su frustración fue mayor a la de los colombianos con lo del gol del capitán Yepes en el mundial de Brasil.

No nos quedó más remedio que recoger nuestras cosas y salir, el silencio por primera vez ni fue el protagonista, él como siempre siendo un verdadero caballero, aunque no le guste aceptar que lo es, trató de evitar que me sintiera mal, pero su intento fue en vano, claro que esa parte me la reservé.

Mientras escribo este post recuerdo cada una de las cosas que sucedieron ese día, y creo que la respuesta es la misma, el tiempo nos pasó factura, y fue tanto el deseo que teníamos reprimido que nos idealizamos, al punto de que al ver la realidad ya no nos despertó en la sangre las mismas sensaciones de las fantasías que se formaban en nuestras mentes y cuerpo en las noches frías.

De esa manera tan cruel tuve que entender que era la hora de pasar la página, cerrar el ciclo y dejar que el Sujeto X continuara con su vida, renunciando a mi egoísmo y entendido, tal y como dijo él al salir de la habitación, este fue el más extraño desencuentro que tal vez vayamos a experimentar en nuestras vidas.

Por ahora, no me queda más que agradecerle por los días de buen sexo, de largos gemidos y de danzas guiadas por la pasión, transformándolo en un lindo recuerdo, llevándolo al pasado, pero manteniéndolo presente como una de las mejores experiencias que he vivido hasta el momento.

Sin más preámbulos, es hora de decirle adiós señor X, que tenga muchos orgasmos en su vida y que el placer lo acompañe…

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