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¿Mija el esposo y los hijos para cuándo?

by - mayo 09, 2018

UN PEQUEÑO FLASHBACK PARA HOY 


Parece que ésta  es la pregunta a la que nos vemos sometidas todas las mujeres mayores de veinte años, y sí,  todas terminamos hablando de ello, y no nos cansamos ni nos cansaremos de hacerlo, por una simple y sencilla razón, no necesitamos un novio o una novia, y mucho menos hijos para ser felices, y aunque no lo crean a los hombres también les pasa, o al menos a varios de mis conocidos sí
Bueno pues bienvenidos a mi versión de la historia.

Mis tías a lo largo de mi crecimiento siempre me han considerado la rara de la familia,  ¿por qué? pues resulta que de niña no me gustaba jugar con mis primas, generalmente estaba detrás de los hombre trepando árboles,  jugando con canicas o chutando un balón (aquí entre nos, jamás logré patear bien, pero al menos lo intenté).

Por esta razón durante muchos años estuvieron esperando que decidiera salir del closet, es decir que me declarara lesbiana, (para los que se preguntan, soy heterosexual), el caso es que cada vez que visito a mis tías la conversación llega la mismo tema, ¿por qué no tiene novio? y ¿cuándo piensa tener hijos?

Cortesía:generadordememes.com


Éste fin de semana mis tías me invitaron a almorzar por motivo del cumpleaños de una de ellas, y justo cuando estaba disfrutando de mi Sancocho surgió la pregunta,  ¿mija y el novio qué? mi reacción interna fue algo así como -¿en serio no podían esperar a que comiera?- respiré profundo y contesté, "tía en estos momentos estoy concentrada en mi carrera y trabajo".

Creí en mi inocencia que con esa respuesta bastaría, pero no, no fue así,  la que estaba de cumpleaños saltó  y dijo: "mija ya la va dejando el tren, a su edad yo ya había dado a luz a sus tres primos y llevaba ocho años de casada, no se ponga a esperar que luego se hace vieja y es más difícil conseguir un marido, aprenda de su prima, con veinte años y ya tiene al primer bebé y se consiguió un muy buen hombre que la tiene viviendo como toda una reina, se la pasa en la casa con su hijo y no tiene que trabajar".

En ese momento les juro que mi rostro tomó un color carmesí de la ira que me invadió, sentía que me iba a ahogar con todo lo que quería decir, pero por respeto contesté  muy educada que no tenía tiempo, que para mí era una prioridad mi carrera y que por el momento planeaba disfrutar de mi juventud en compañía de mis amigos y familiares, que además no sentía la necesidad de vivir con un hombre y mucho menos de tener hijos.



Cortesía:imujer.com

Mi prima al sentirse atacada por mi respuesta decidió echarme al agua, le contó a mis tías que hace unos meses atrás me había visto en cita de control y planificación familiar y que escuchó como yo discutía con el médico cuando me informaba que no había sido autorizada mi solicitud de operarme para no tener hijos, en ese momento sentí como el mundo se me venía encima.

La primera en reaccionar digamos que fue mi tía F, me mencionó a cuanto santo existe, recalcando que era pecado no traer hijos al mundo, que esa era la misión que dios nos había encomendado como mujeres y descendientes de María; la segunda, mi tía E, se limitó a decir que ojalá dios y la lengua no me castigaran.

La última en contestar fue mi tía D, quien por años luchó por tener hijos pero nunca logró concebir, y le echa la culpa de su soltería a la mala suerte para tener hijos. Para ella el responder era algo complejo,  pues no podía entender cómo una mujer sana no querría tener hijos, y que le dolía mi decisión cuando sabía de primera mano lo que muchas mujeres que no son fértiles sufren.

No voy a negar que en ese momento me sentí mal por lo que vivió mi tía,  pero siempre he sido muy cerrada frente al cómo vivo mi vida y es algo en lo que mi familia siempre me ha apoyado, por eso me dolió que mis tías me juzgarán de esa manera, y que además me consideran menos que a mis otras primas solo por no tener dentro de mi proyecto de vida planeado el vivir con una pareja y tener hijos, por querer trabajar y vivir sola.

Cuando llegué a mi casa empecé a recordar los post que he leído en otros bloggs y revistas femeninas,  en la mayoría de las historias de mujeres se llega a una edad en la que los problemas y la presión social se vuelven los mismos sin importar el lugar del mundo en el que nos encontramos, todos ligados a las decisiones de ser esposa y madre. ¿Por qué se le hace tan difícil a la gente creer que uno puede ser feliz sin ser esposa y madre?

Cortesía: giphy.com



Buscando algo de consuelo y obvio otras opiniones empecé a hablar y comentar lo sucedido con mis amigos,  tanto hombres como mujeres, y vaya sorpresa, en medio de la conversación surgió que a los chicos también los presionan sus familias por el mismo tema, en especial las mamás, quienes alegan que son las únicas de sus amigas que aún no son abuelas.

Entre las historias e hipótesis que creamos acerca de cuál sería la respuesta correcta a dar para así de una vez evitar que nuevamente pregunten por una pareja o hijos, llegamos a la conclusión de que tal vez nuestra generación aprendió que el sentido de la vida está en vivir y disfrutar de ella, mientras que para muchos de nuestros padres, abuelos, tíos y tías, la razón de su existencia se limitaba vivir a través de traer hijos al mundo.

Es cierto que cada generación piensa de una manera distinta frente a las costumbres culturales, y que esto crea una brecha que genera discusión entre ambas, pero que tal vez eso hace parte de la evolución del ser humano. Con ésto no estoy diciendo que somos una generación que no quiere tener hijos, solo que aprendimos que debemos vivir nuestras vidas para no sentirnos frustrados, y que cuando decidamos tener hijos ellos no serán un recipiente en el cual depositamos nuestros sueños no cumplidos.

Porque aceptemos, muchos de nuestros padres pretendieron que nosotros viviéramos esa vida que ellos no pudieron tener, por eso al niño se le quiere convertir en un gran futbolista, así su pasión sea la danza, y a las niñas se les inscribe en concursos de belleza, pese a que no disfruten de ellos.

En fin, creo que somos una generación de hombres y mujeres que quieren vivir su vida, y si en esos planes llegan los hijos bien, pero por decisión, no por obligación o presión social, pues entendemos que la repsonabilidad está más allá de cumplir con media hora de juegos diarios,  una buena alimentación y demás necesidades materiales y emocionales,  pues un hijo no es un deposito de sueños rotos, es un ser humano que como nosotros merece escribir su propia historia.

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